Notas sobre Rejtman
o el cuento como una cuestión moral
por Joaquín Linne

“No soy de leer mucho, siempre fui de los que creyeron que la literatura había que encontrarla en la vida y no en los libros.”

(Rejtman, Literatura, p. 65., en Literatura y otros cuentos, Interzona, 2005). 

Mientras el mercado editorial cada vez publica menos autores que tengan libros de cuentos, hay un escritor de perfil bajo que es casi el único escritor argentino que se ha desarrollado una carrera como narrador desde este género.

Otra condición rara de Martín Rejtman (Buenos Aires, 1961) es su paralela condición de cineasta, que ha cumplido un rol muy importante en la conformación del nuevo cine argentino (como dice Oubiña, “antes del nuevo cine argentino estaba Rapado”, que además de ser el título de su primer libro, es el de su primer película). Pero, aunque por supuesto hay muchas similitudes y una misma estética y ética entre su producción escrita y audiovisual, concentrémonos aquí en el escritor. 

 

Ya no estoy en edad de mimetizarme con nadie 

Con tres libros de cuentos (Rapado, 1992, Planeta, y 2007, Interzona; Velcro y yo, 1996, Planeta; Literatura y otros cuentos, Interzona, 2005), Rejtman es el cuentista más importante de estas tierras, y casi el único con más de un volumen de cuentos.

Por otra parte, no es casual que dos de los cuentistas más interesantes que han aparecido en los últimos años (Molina: Los estantes vacíos, Entropía, 2006; y Bruzzone: 76, Tamarisco, 2008) tienen en Rejtman a su mayor influencia. Sus segundos libros, próximos a salir, como en el caso de Ramos (después de su contundente volumen de cuentos Cuando lo peor haya pasado, ha continuado su carrera de escritor como novelista), serán novelas. Salvo entonces en el caso de Rejtman, nuestro bartlebiano autor que parece aferrarse al cuento como una cuestión moral, en el resto de los autores, exigidos por la coyuntura del mercado que sólo parece demandar novelas, el libro de cuentos o los cuentos sueltos se revelan como una preparación para lo importante: las novelas.

¿Qué es lo que une a Rejtman con esa tradición de cuentistas rioplatenses tan apreciada en Europa? Sacando al inefable Borges, lo que podemos apreciar en Felisberto Hernández y Quiroga –y, más acá, en Fogwill, novelista raro por tener tantos libros de cuentos- es esa obsesión vitalista de priorizar las experiencias, de narrar historias condensadas que muchas veces bien podrían haber sido novelas.

Con cada secuencia narrativa separada por un espacio y tres asteriscos, la prosa rejtmaniana –que en Literatura y otros cuentos llega a su punto más alto- es límpida, casi no adjetivada, evitando los énfasis narrativos y la pretenciosidad, llena de humor y música, fluida y directa, pero también llena de elipsis y sub-historias, apropiándose de una manera muy personal de la tradición cuentística norteamericana.

 

Vuelvo a casa y enciendo el televisor para dejar de ver mi fantasma

Los personajes de Rejtman son sobrevivientes aturdidos por un ruido de fondo que nunca queda claro qué es o de dónde vino; los personajes de este universo de minimalismo porteño sufren de insomnio y desconexión social, padecen depresiones y fobias, pero se automedican y autopsicoanalizan y   siguen, como todos, saliendo cada día al mundo; deambulan por la ciudad en moto, auto, bicicleta o a pie, toman cerveza y café en bares, y prefieren el whisky o algún trago cuando están en discotecas con amigos o amantes; tienen un televisor en cada cuarto, fuman marihuana y se sienten parte de la ciudad pero también ajenos a ella; son ambigüos, contradictorios, diletantes, a veces cínicos y por momentos ingenuos; odiosos y encantadores, vitales y autistas; como auténticos porteños de clase media, manejan cierto léxico psicoanalítico, les gusta viajar aunque no lo hacen tanto como quisieran, son felices de a ratos y casi siempre son superados por sus neurosis, no saben lo que quieren pero parecen estar esperando todo el tiempo la epifanía cheeveriana y han tenido diversos fracasos en el mundo laboral y en el mundo de las relaciones afectivas que han minado de manera irreversible su seguridad ontológica. Los personajes del mundo rejtman son, tal vez, la mejor radiografía y reconstrucción narrativa de la clase media porteña. Todos los fenómenos que la atraviesan parecen estar representados en estos relatos (que, como todo buen texto, soporta innumerables relecturas): desde la dificultad para establecer relaciones de pareja duraderas, las diversas adicciones, las distintas orientaciones y prácticas sexuales, las nuevas terapias alternativas, las religiones de moda (incluido el psicoanálisis laicista de Buenos Aires), Palermo y la fiebre por el design, la obsesión por la imagen, el gimnasio, el deporte, las cirugías estéticas, los psicofármacos y los nuevos dispositivos tecnológicos que ya forman parte de nuestra comunicación cotidiana. Pero no nos extendamos más: lo importante, at the end of the day, es que los libros de Rejtman demuestran que se puede construir una obra cuentística aún desde la periferia y como muestra están ahí, en algunas librerías y bibliotecas, esos tres oasis de lucidez y felicidad en medio del páramo de la literatura contemporánea.