Apuntes sobre el
                      p u e b l o

¿A quién saludan los libres del mundo?

por Federico Thomander

Instantáneas

"cuando se ofende al campo se ofende al pueblo y cuando se ataca al campo se ataca a la Argentina" (Luciano Miguens en la inauguración de la Exposición Rural 2008)
1 

“Señores senadores, los que están indecisos, acá está el pueblo apoyándolos; ustedes tienen que representar al pueblo, no al Ejecutivo nacional y menos a un ex presidente” (De Ángeli – Acto del 15 de Julio de 2008)
2 

“Nosotros sabíamos que en algunas fábricas, muchos trabajadores habían hecho un minuto de silencio por su muerte. Lo consideraban uno de los suyos. (…) Era claro que la muerte de Santucho tenía un sentido muy simbólico, además de las consecuencias prácticas. (…) Los guardia cárceles, como siempre, no parecían contentos, sí los oficiales del Ejército” (Pedro Cázes Camarero[1])
3 

El Poeta

Tú piensas que eres distinto
Porque te dicen poeta,
Y tienes un mundo aparte
Más allá de las estrellas.

Vete á mirar los mineros,
Los hombres en el trigal,
Y cántale a los que luchan
Por un pedazo de pan.

Vive junto con el pueblo,
No lo mires desde afuera,
Que lo primero es ser hombre,
Y lo segundo, poeta.

(A. Yupanqui)

 

Acercándonos al pueblo.

Hemos elegido, en nuestras instantáneas, algunos pasajes del discurso en la escena política argentina, y, como puede verse, intentando atravesar la frontera actual, para de esa manera arribar, no solo a la dificultad de definir quién es el pueblo, sino también para delimitar ciertos márgenes que consideramos, desde ya, deleznables.

La pregunta a la que alude el subtítulo, la consideramos clave para adentrarnos en el conflicto del sujeto pueblo, si es que este existe como sujeto único o deberíamos comenzar a utilizar otras categorías de análisis. Para ello, hemos realizado una pequeñísima selección bibliográfica que nos guiará en el decurso de estos apuntes.

 

Veamos algunas citas al azar, para, de ese modo, comenzar a circunscribir los límites que consideremos aptos para comprender la subjetividad popular.

“De una forma u otra (nos animaríamos a decir que en todos los casos), la `línea´ se traza por debajo de la `clase media´, adjuntando a los sustantivos clase o sector los adjetivos `subalternos´, `populares´, `subordinados´ o `dominados´.” (Tamarit: 1992, pág. 51)

“Queremos decir que no sólo se trata de captar correctamente al sujeto del pueblo, sino también de analizar las formas de su constitución. Como bien apunta Hall[2] (…), el pueblo no tiene “sujeto fijo que adjuntarle”, “no está siempre ahí” dispuesto a “salir otra vez al escenario” Tal vez deberíamos hablar de pueblo real y pueblo virtual (o potencial), y, en determinadas circunstancias históricas, hasta podríamos llegar a afirmar que el pueblo “no existe”; es decir, que no existe como fuerza social real” (Tamarit: 1992, pág. 57)

 

En este punto, es de relevancia lo que afirma Astrada sobre la definición de pueblo.

“El pueblo no es una suma de unidades instintivamente excitadas por una bandería ni tampoco la plebe bárbara, sin sentido del deporte, que llena los estadios de fútbol de nuestras ciudades y de las del Continente (…) porque siendo políticamente eunucos son incapaces de ser partidarios de una Argentina auténtica, de alentar verdadera pasión ciudadana e interés por el bien público. El deporte profesionalizado y utilitario es el “pan y circo” con que las clases dominantes distraen al populacho. Populacho es tanto la suma “selecta” de unidades de la tribu gorila, terratenientes y profesionales (…) al servicio de las compañías extranjera (…) también es populacho la suma de unidades de la mesnadas peronistas, las de las famosas manifestaciones con el inefable bombo, la oquedad de cuyo eco traducía la oquedad de ese populacho, que nada quería escuchar y sólo atinaba a corear el nombre del jefe, del taumaturgo del aumento de los salarios y del feriado subsiguiente a tales actos multitudinarios.” (Astrada: 2006, pág. 143) .

Con retórica sugerente Astrada se pregunta, interpelando al lector, al que pretende guiar, en su dialéctico movimiento negando en primer momento la filiación tanto gorila como peronista, para definirlo del siguiente modo: “El pueblo argentino, el verdadero, por el que inquirimos, está disperso en nuestro vasto territorio; está constituido por pequeños núcleos descontentos, que justamente se sienten escarnecido por una política de sátrapas. El día, quizá no lejano, en que estos grupos se cohesionen, algo nuevo y promisorio acaecerá en el país. La nucleación de los mismos en una unidad, por minoritaria que ella sea, iniciará en la Argentina la etapa auténticamente nacional (…) El pueblo es la cantera progenitora, matriz de todas las posibilidades políticas. Pero él sólo se hace presente, es capaz de decisión cuando desde el fondo de sí mismo y con su propio metal (…) ha forjado y templado una flecha que asciende certera hasta el nivel de un destino para marcar un rumbo en la historia. El sagitario de esta hazaña será el pueblo politizado, conciente, solidario…” (Astrada: 2006, pág. 144)

Laclau, en su trabajo La razón populista, a esta altura afamado y delimitador, sostiene que “`el pueblo´ no constituye una expresión ideológica, sino una relación real entre agentes sociales. En otros término, es una forma de  constituir la unidad del grupo” (Laclau: 2007, pág. 97). “Adherimos a todo este análisis en lo que hace a la formación de la subjetividad popular. El modo como Rancière[3] enumera las figuras del `pueblo´ -los antiguos pobres, los miembros del tercer estado, el proletariado moderno- es muy revelador: está claro que no estamos tratando con una descripción sociológica, con actores sociales que poseen una ubicación diferencial, particular, precisamente porque la presencia del pueblo arruina toda diferenciación geométrica de funciones y lugares. Como hemos visto, las lógicas equivalenciales pueden atravesar grupos muy diferentes en tanto estén todos del mismo lado de la frontera antagónica. La noción de proletariado como lo describe Rancière acentúa la naturaleza no sociológica de la identidad del pueblo” (Laclau: 2007, pág. 307)

Como hemos visto, los tres autores citados circunscriben el concepto de pueblo a dos bases constitutivas del mismo: a) la exclusión de los sujetos populares de la urdimbre social; b) la identidad política del pueblo, cohesionadota –en principio- de los sujetos excluidos –o sea, el pueblo-. Dejamos constancia que ambos aspectos del concepto pueblo, no son absolutos, sino simplificaciones para poder acercarnos, cada vez más, al objeto de estos apuntes.

En las citas realizadas se puede vislumbrar que el segundo aspecto –ideológico- sobredetermina al primero –lo llamaremos de aquí en adelante sociológico-, dando preeminencia a los objetivos políticos, auspiciosos o no, del pueblo.

Aquí, agruparemos a los dos primeros autores citados (Tamarit y Astrada), apartando a Laclau, en tanto aquellos sostienen una definición de cierto signo político para determinar el locus del pueblo, mientras que Ernesto Laclau entiende que “sería histórica y teóricamente erróneo pensar que una alternativa fascista se ubica enteramente en el área de lo contable[4]

Veamos un ejemplo que nos acerca Mao Tsé-Tung en su conocido Sobre el Tratamiento correcto de las contradicciones en el Seno del Pueblo: “En la época actual, el período de edificación del socialismo, integran el pueblo todas las clases, capas y grupos sociales que aprueban y apoyan la causa de la construcción socialista y participan en ella; son enemigos del pueblo todas las fuerzas y grupos sociales que oponen resistencia a la revolución socialista o la sabotean” (Astrada: 1994, pág. 100). Este es un clarísimo ejemplo de encontrar al pueblo es cierto cariz de la lucha política, apartando otras nociones, sociológicas, para determinar quiénes constituyen al pueblo.

 

Diecisiete de Octubre.

Abordaremos  El 17 de Octubre de 1945 desde una perspectiva particular, buscando acercarnos a esa definición sociológica (carne y sangre) del pueblo –argentino- que empezamos a atravesar desde el parágrafo anterior.

Veamos qué dice, al respecto de aquella jornada, Leopoldo Marechal (LM) entrevistado por Alfredo Andrés (AA):

“…Y llegamos así al 17 de Octubre de 1945.
AA: ¿Qué recuerdos tiene usted de ese día?
LM: Era muy de mañana, y yo acababa de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores lo hacían necesario cada tres horas). El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de la calle Rivadavia. De pronto, me llegó desde el oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose,  hasta que reconocí primero la música de una canción popular, y enseguida su letra: “Yo te daré,/ te daré, Patria hermosa,/ te daré una cosa,/ una cosa que empieza con P,/ ¡Perooón!”. Y aquél “Perón” resonaba periódicamente como un cañonazo.
AA: ¿Qué hizo usted entonces?
LM: Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí y amé los miles de rostros que la integraban: no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina “invisible” que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista.” (Andrés: 1990, pág. 41)
Aquí, además del tono dramático que imprime Marechal al relato, vemos que mientras estaba ayudando en el doloroso trance a su mujer, una música popular lo arrastró, lo envolvió, no le dio lugar a otra cosa más que a vitorear “una cosa que empieza con P”. Resulta innegable, pues, que identifica al Pueblo. Él ve, reconoce y ama “los miles de rostros”. Marechal aquí ni es testigo ni analista, el Pueblo entró en él, él será, de allí en más, sangre y carne del Pueblo.

Cabe traer a colación las citas de Astrada, Tamarit (y con ellos Mao) y Laclau, para ver en qué medida el acontecimiento del 17 de Octubre de 1945, fue un acto popular. Establecer una relación entre estos ámbitos y conjugarlos para el análisis, son lo que, según consideramos, determinarán una definición del Pueblo, definición que deberá ser, siempre, ajustable –no manipulable- a las condiciones históricas del devenir social.

Gran parte de la literatura política (tanto de izquierda como de derecha) ve en el pueblo una entidad amorfa que entraña el peligrosísimo riesgo del populismo[5]. El populismo, en su clásica noción, conlleva la figura del paternalismo, siempre pernicioso para el verdadero pueblo. El populismo es el “pan y circo”, el “tinto y choripan”, es la masa adicta al líder carismático.

Dejemos, mas no sea por un instante, suspendido el párrafo anterior, para traer a escena  otro concepto-actor.

“…Landi (Oscar) observó que el fuerte crecimiento de los medios como organizadores de la escena pública había generado una especie de ilusión óptica por la cual parecía que no había política por fuera de lo que pasaba en las pantallas, y que esa ilusión óptica había sido un anzuelo que habían mordido también los críticos de la supuesta transformación de la política en una escena más de los medios, en un puro simulacro” (La Biblioteca: 2005, pág. 263[6). Agregamos a esto, un singular párrafo de Horacio González: “Lo cierto que historias como las de Cipriano Reyes y Evita, amasadas en la intimidad de los medios de comunicación, de los conocimientos salvíficos y de las prosas de la reivindicación social, podían ser los puentes indispensables para el autorreconocimiento colectivo y para la literaturización de la lucha social (…)” (González: 2007, pág. 181)

Si podemos aunar, conjugar, la denostada idea de populismo (esa supuesta amalgama de paternalismo maquiavélico y muchedumbres hipnotizadas) con la comunicación mediática, no ya como formadora de “opinión pública” sino como objeto –materia prima- analizable por parte del ejercicio intelectual (filosófico y político), tendremos que no resultará tan feliz soltar al aire frases como el “pan y circo” del pueblo.

Gran parte de la literatura que analiza estos fenómenos un hecho, aunque político, eminentemente social: la Resistencia Peronista.

En tal sentido John W. Cooke, a través de H. González, dice: “el mito de la persona de Perón no es una torpe idolatría de las masas sino un síntoma de rasgos positivos, porque los trabajadores no son imbéciles…” (González: 1997, pág. 200) Sigue Cooke, ahora citado por Duhalde: “Perón podría hacer mucho, si, como lo venimos sosteniendo desde hace varios años, volcase su prestigio en una renovación ideológica. Pero nosotros debemos hacerlo, no de un golpe sino de a poco… Podemos decir en una tribuna que queremos eliminar el capitalismo, librarnos del imperialismo y darle los bienes de producción al pueblo y arrancaremos aplausos. Ese mismo auditorio, si nos declaramos marxistas, nos mirará con desconfianza, no sabrá a ciencia cierta “en qué juego andamos” y en lugar de ver allí la culminación del peronismo, pensará que hemos cambiado de chaquetilla. Irracional, ilógico y todo lo que  se quiera, pero exacto” (Confines: 1999, pág. 63[7])

Es asimilable el rol que Cooke le confiere a Perón (el cual no está dispuesto a cumplir) a estos párrafos en los que Godio, al retratar los hechos de Septiembre del ´55, da cuenta de la incipiente Resistencia. “Las vacilaciones de sus dirigentes (peronistas) más combativos no eran producto del desaliento de las masas. Al contrario, como el mismo discurso de Cooke lo demuestra, la exigencia de las bases para combatir se refleja en la sutil derivación de la responsabilidad de la pasividad en la conducción superior” (Godio: 1985, pág. 139)

 

Viviendo junto con el pueblo

El Pueblo está allí. Con y sin burocracia. Dudoso es que el pueblo se arme  (muera y mate) por “pan y circo”.

La Resistencia Peronista, fue un hecho social. El recientemente fallecido Nicolás Casullo, en una entrevista aseguró que “el populismo dejó a la Argentina la enseñanza de la lucha y la resistencia[8]”.

Quisimos, con estos Apuntes[9], introducir un aspecto importante en la búsqueda del locus popular. El pueblo, consideramos, está allí, su sangre y su cuerpo vive y palpita, aunque ordinariamente se lo busca velar en política que lo desdobla y lo consume; el pueblo que es mimetizado en “opinión pública” y medios de comunicación.

Nuestro interés estriba en encontrar la carne, siempre heterogénea, del Pueblo. Ello para definir su memoria vital, cultural y política, haciendo asequible así su proyección. 

 

Notas


[1] Entrevista realizada por María Seoane. (Seoane: 1991, página 309)

[2] Hace referencia al trabajo “Notas sobre la desconstrucción de “lo popular”, Stuart Hall.

[3] El trabajo referido es “La mésentente. Πolitique et philosophi” Jacques Rancière.

[4] Rancière entiende a lo contable como aquellos elementos que están “ordenados” merced a una subordinación  clasificatoria y así  se los contabiliza –orden aritmético- los que actúan como  un TODO regulado (véase en este sentido el concepto de Hegemonía gramsciano). Por el contrario lo incontable rompería el orden (el demos griego, hoy el pueblo), exigiendo, como parte innumerada, constituirse en el todo.

[5] Dejamos en claro que la razón populista, de Laclau, busca nuevos horizontes para el concepto de política populista, por lo que no es a él al que hacemos referencia aquí.

[6] “Para una filosofía del Ser político. Notas sobre la obra de Oscar Landi” Eduardo Rinesi.

[7] “Peronismo y revolución” Eduardo Luis Duhalde.

[8] Esta cita es una paráfrasis ya que la hemos extraído, de memoria, de una entrevista realizada a Casullo por el suplemento “cultural” del diario La Nación, mas al no contar con el ejemplar no podemos reproducir los términos exactos.

[9] El título de esta nota nos fue dado en la lectura del Perón de H. González. Veamos: “La levedad del apunte, que remite al borrador o al boceto –y a la necesaria indulgencia para juzgarlo, pues proviene de un primer impulso de captación débil de la realidad-” (González: 2007, pág. 93)

Bibliografía

Libros

Andrés, Alfredo. Palabras con Leopoldo Marechal. Buenos Aires. Ceyne, 1990.
Astrada, Carlos. El Mito Gaucho. Edición crítica de Guillermo David. Buenos Aires. Fondo Nacional de las Artes, 2006.
Astrada, Carlos. Encuentro en la Dialéctica – Convivencia con Mao Tsetung en el diálogo. Buenos Aires. Catari, 1994.
Godio, Julio. La caída de Perón. Buenos Aires. Centro Editor de América Latina, 1985.
González, Horacio. Perón: reflejos de una vida. Buenos Aires. Colihue, 2007. (Prólogo – Cap. 6)
Laclau, Ernesto. La razón populista. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica, 2007.
Seoane, María. Todo o Nada – La historia secreta y la historia pública del Jefe guerrillero Mario Roberto Santucho. Buenos Aires. Planeta, 1991.
Tamarit, José. Poder y Educación Popular. Buenos Aires. Libros del Quirquincho, 1992.

Revistas.

Confines, Pensamiento de los. Nro. 6, primer semestre 1999.
Biblioteca, La. Nro. 2 – 3. ¿Existe la filosofía argentina?. Buenos Aires, 2005.